El trastorno bipolar, también conocido como trastorno maníaco depresivo, es una enfermedad mental que se caracteriza por la alternancia de fases depresivas y de euforia (manía), y que tiene tendencia a volverse crónica. Cuando un paciente pasa de un trastorno a otro, se dice que vira, y los episodios también pueden precipitarse por medicación, cambios climatológicos, alteraciones sociales…
El trastorno bipolar afecta por igual a hombres y mujeres, a diferencia de la depresión que es más frecuente en mujeres. Lo más frecuente es que la enfermedad se manifieste por primera vez entre los 10 y los 24 años, y se ha observado una mayor incidencia de trastornos afectivos entre las personas separadas y divorciadas, así como en aquellos que poseen un mayor nivel socioeconómico.
El trastorno bipolar puede ser hereditario, aunque no se ha identificado el defecto genético que podría causarlo. Se desconocen las causas de los trastornos afectivos, aunque se cree que son el resultado de un conjunto de factores neurobiológicos y psicosociales. Algunos factores de riesgo asociados a la aparición de la enfermedad son:
Diagnóstico del trastorno bipolar
El trastorno maníaco depresivo suele comenzar con un episodio de depresión, que se alternará con periodos de manía a lo largo de la enfermedad. La intensidad y alternancia de las fases de depresión y manía dependerá del tipo de trastorno bipolar que sufra el paciente. El diagnóstico de esta enfermedad se basa en los síntomas que caracterizan a los periodos, tanto depresivos, como maníacos, que deben ser determinados por el médico para prescribir el tratamiento correcto en cada fase, aunque muchos pacientes manifiestan a la vez síntomas maníacos y depresivos, que es lo que se conoce como estado bipolar mixto.
En cualquier caso, el médico siempre descartará la presencia de otros trastornos físicos, como diversas enfermedades, o los efectos secundarios del consumo de drogas o medicamentos, que pudieran originar síntomas similares a los que se producen durante los episodios depresivos o maníacos característicos de la enfermedad bipolar.
Criterios diagnósticos del trastorno bipolar
Episodio depresivo o depresión mayor
Síndrome depresivo de al menos dos semanas de duración. Lo más frecuente es que un paciente tenga varios episodios depresivos a lo largo de su vida; en este caso se habla de trastorno depresivo mayor o depresión unipolar.
Distimia
Síndromes depresivos de más de dos años de duración e intensidad leve (en niños y adolescentes bastaría con un año).
Episodios maníacos
Síntomas maníacos que deterioren las capacidades sociales, laborales, afectivas, o de cualquier otra área de la vida del paciente, con una duración de al menos una semana (salvo que sean tan graves que exijan su ingreso inmediato).
Trastorno bipolar
Combinación de episodios depresivos y síndromes maníacos. Este trastorno puede dividirse en:
- Trastorno bipolar I: para diagnosticarlo la persona tiene que haber presentado episodios maníaco-depresivos, o maníacos puros. Es la forma más grave de la enfermedad
- Trastorno bipolar II: el paciente sufre episodios depresivos mayores de corta duración, que alternan con episodios hipomaníacos.
Trastorno ciclotímico
Es una forma leve de la enfermedad maníaco depresiva, en la que los síntomas depresivos y los síntomas maníacos tienen una intensidad leve-moderada y suelen durar unos pocos días, aunque se repiten con frecuencia a intervalos regulares.
Tratamiento del trastorno bipolar
Los episodios depresivos se tratan igual que en una depresión, pero en estos pacientes los antidepresivos pueden desencadenar episodios de manía, por lo que se usan fármacos estabilizadores del ánimo, y especialmente el litio, que se emplea para prevenir las recaídas, ya que el trastorno bipolar es una enfermedad que suele cronificarse.
Litio
El litio tarda en actuar unos 7-10 días, por lo que cuando se emplea para tratar un episodio maníaco grave se suele asociar a fármacos antipsicóticos como el haloperidol.
Para comprobar su eficacia y los posibles efectos secundarios (que pueden incluir temblores, náuseas y vómitos, alteraciones de las hormonas tiroideas, contracturas musculares, diarrea y aumento de la cantidad de orina, aumento de peso...), y ajustar correctamente las dosis, el médico solicita análisis de sangre periódicamente para controlar los valores de litio en la sangre del paciente.
Controles rutinarios en el tratamiento con litio
- Análisis sanguíneo.
- Pruebas de función renal.
- Estudio iónico (sodio, potasio, calcio).
- Pruebas de función tiroidea.
- Electrocardiograma.
- Test de embarazo (al inicio).
Anticonvulsivantes
Tanto la carbamacepina como el ácido valproico son estabilizadores del ánimo eficaces en el trastorno bipolar, y que se usan como alternativa al litio en casos resistentes, intolerancia a los efectos secundarios o en aquellos pacientes en los que esté contraindicado el uso del litio. Estos dos fármacos parecen ser especialmente eficaces en los pacientes que pasan del estado depresivo al maníaco en poco tiempo.
Las mujeres que estén en tratamiento con litio y deseen quedarse embarazadas, deben comunicarlo a su médico, que valorará los riesgos de suspender el tratamiento, ya que este medicamento puede provocar malformaciones en el feto. También la carbamacepina y el ácido valproico, administrados durante el embarazo, se asocian con defectos del tubo neural en el feto, entre otras posibles malformaciones. Además, es necesario tener en cuenta que todos estos medicamentos se excretan por la leche materna.
Psicoterapia
El trastorno bipolar es una enfermedad crónica y el tratamiento farmacológico debe seguirse durante muchos años, e incluso de por vida. Por este motivo, la psicoterapia se recomienda para ayudar a los pacientes a continuar con el tratamiento, y también para que tanto ellos como sus familiares comprendan mejor la enfermedad y estén preparados para afrontarla mejor.
Recomendaciones para el trastorno bipolar
No siempre es fácil diagnosticar un trastorno bipolar, porque los síntomas a menudo se confunden con otros problemas, o se asocian a otras enfermedades que pueden coexistir con el trastorno. Por ello, es conveniente consultar con el médico si sufre alteraciones del estado de ánimo intensas y frecuentes, y sobre todo si no siempre se pueden relacionar con acontecimientos vitales agradables o desagradables, o si la reacción afectiva en su caso es desproporcionada o se prolonga en el tiempo.
A veces los familiares y amigos pueden detectar un problema de este tipo antes que el propio afectado, por lo que si observan alguna irregularidad pueden animarle a ir al médico.
Una vez diagnosticado el trastorno es muy importante que:
- No abandone el tratamiento farmacológico que le hayan prescrito, y que siempre deberá ser controlado por un médico.
- Establezca rutinas para realizar las actividades diarias, como las comidas y el descanso, y se asegure de dormir lo suficiente.
- Aprenda a conocer la enfermedad y a distinguir los síntomas que indican las variaciones en su estado de ánimo.
- Hable con sus familiares y amigos más cercanos. Ellos también necesitan saber lo que le pasa para poder apoyarle mejor.
- Consulte a su médico sobre cualquier síntoma nuevo, o efectos secundarios relacionados con los fármacos que toma, pero no suspenda el tratamiento por su cuenta porque puede ser peligroso y agravar los síntomas.
- Pruebe otros tratamientos, como la psicoterapia, que puede ayudarle a mejorar su calidad de vida y su relación con sus seres queridos.
- No consuma alcohol ni otras drogas.
- No se automedique ni tome suplementos vitamínicos o remedios naturales a base de hierbas sin consultarlo antes con su médico.